EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR: ¿CUÁNDO SE DARÁN CUENTA DE QUE NO VALGO?

“No soy lo suficientemente bueno/a para este trabajo”, “No me merezco el puesto en el que estoy”, “Seguro que en algún momento meteré la pata y todos se darán cuenta de que no soy válido/a”. ¿Alguna vez te has dicho cosas así a ti mismo/a? Si es así, sigue leyendo porque quizás estés padeciendo el síndrome del impostor.

El síndrome del impostor se define como ese sentimiento intenso de incompetencia personal, a pesar de haber demostrado una historia importante de éxitos (Clance, 1985). La persona que sufre este síndrome experimenta un miedo y ansiedad muy intensos ante la posibilidad de fracasar y de que los demás le “descubran” y piensen que es incompetente. Por ello, se esfuerza constantemente para evitar un posible fracaso que pueda delatar su falta de habilidad y se sepa que es un “impostor”.

¿Y por qué los “impostores” se perciben así? Pues porque su baja autoestima y su estilo atribucional (cuál creo yo que es el motivo de que haya pasado algo concreto) los lleva a externalizar sus éxitos, a pensar que son debidos a causas externas que nada tienen que ver con su habilidad personal. Por ejemplo, suelen pensar que sus éxitos se deben a la suerte, al error en la percepción que tienen los demás (“creen que ha salido bien porque soy bueno en lo que hago, pero se equivocan”), a sus habilidades sociales o su personalidad (“me ha valorado más porque le caigo bien, no por la calidad de lo que he hecho”) o a las circunstancias (“seguro que me han cogido porque no se habrá presentado nadie más”).

En general, sus estándares de competencia son tan altos que es imposible cumplirlos, lo que los lleva a frustrarse. Además, les cuesta mucho aceptar cumplidos sobre su capacidad ya que no creen que sean ciertos y siempre intentan responder con una explicación ajena a sus habilidades que dé respuesta a por qué han tenido éxito.

Entre los principales efectos del síndrome del impostor nos encontramos un incremento en síntomas de ansiedad, depresión, frustración, sentimiento de culpa, baja autoestima, falta de autoconfianza, etc. También puede ocasionar problemas a nivel laboral o interpersonal, ya que pueden perder oportunidades laborales por el miedo a no estar a la altura o puede que la gente de su alrededor se canse de escuchar sus constantes inseguridades.

¿Qué les pasa a los “impostores”?

Normalmente, cuando tiene que realizar alguna tarea, el “impostor” suele experimentar reacciones emocionales de ansiedad, preocupación, dudas…Estas reacciones emocionales se manifiestan en forma de:

Pensamientos automáticos negativos. Por ejemplo:

  • “Soy un fraude y se darán cuenta”.
  • “Me pagan más de lo que deberían, mi trabajo no vale tanto”.
  • “Seguro que otra persona podría hacer esto mucho mejor”.

Sensaciones físicas. Por ejemplo:

Palpitaciones, presión en el pecho, dolor de estómago, tensión muscular, etc.

Comportamientos (optará normalmente por uno u otro):

  • Sobre-preparación: dedicará un tiempo y un esfuerzo excesivo, no proporcional a las demandas de la tarea, para preparársela, con el objetivo de asegurarse de que no cometerá ningún fallo.
  • Postergación: el simple hecho de pensar en prepararse para la tarea le generará tal nivel de malestar que optará por evitar enfrentarse a ello y postergar la actividad.

Estas reacciones emocionales, generarán unas consecuencias en la persona. A corto plazo, ambas opciones le producirán un alivio del malestar: si se sobre-prepara, estará más tranquilo/a porque creerá que hay menos probabilidad de que se equivoque, y si posterga, evitará enfrentarse a ese elevado malestar, al menos en ese momento. A largo plazo, ninguno de esos comportamientos producirá consecuencias positivas. Si tiene éxito, lo atribuirá a su esfuerzo en el caso de que se haya sobre-preparado (“solo me ha salido bien porque he invertido días en hacer lo que otra persona conseguiría en pocas horas”) o a la suerte si ha postergado (“en realidad he ido avanzando en la empresa porque he tenido suerte de estar en el momento y el lugar adecuados”) y por tanto, desestimará su propia habilidad, aunque los demás le indiquen lo contrario. Si no tiene éxito, lo atribuirá a su falta de habilidad, confirmando así sus pensamientos iniciales y alimentando esos sentimientos de incompetencia e inseguridad (“Si estaba claro que no era capaz de hacerlo bien”). Ello generará que la próxima vez sienta mayor ansiedad ante una nueva tarea y, para evitar dicha ansiedad, o bien sienta la necesidad de postergar o bien crea que debe sobre-prepararse, generando así un círculo vicioso que lo único que consigue es incrementar progresivamente el malestar.

¿Te sientes identificado con lo que acabas de leer y notas que te está perjudicando a nivel personal, laboral o social? Si es así, puedes contactar con nuestro equipo para que hagamos una valoración de lo que te ocurre y te podamos enseñar a gestionar mejor tus emociones para que dejes de sentirte como un impostor y puedas valorar tu capacidad de una manera objetiva.

Referencias:

CLANCE, P. R. (1985). The impostor phenomenon: Overcoming the fear that haunts your success. Atlanta, GA: Peachtree.

Aina Fiol Veny

Psicóloga Col. Nº B-02615