Después del confinamiento

Tras el confinamiento la vida cambia. Lo que conocemos por normalidad ahora pasará a ser la “nueva normalidad” a la que todos y todas debemos adaptarnos, hasta recuperarla tal como la conocíamos hasta ahora. Porque, aunque parezca lejano e incierto y no sepamos con exactitud cuándo, lo importante es saber que todo esto que está ocurriendo es temporal.

            Esta situación puede traernos cosas positivas, ya que hemos tenido mucho más tiempo para estar con nosotros/as mismos/as y con la gente de nuestro alrededor; pero también trae algunas consecuencias negativas que para algunas personas pueden ser más leves o más graves, dependiendo de cada situación.

            Aprendizajes y reflexiones

            El COVID-19 y su consecuente confinamiento nos ha obligado a parar nuestras vidas y, por tanto, nos ha invitado a poder reflexionar ante todo lo que estaba ocurriendo. Son diversos los aprendizajes y reflexiones que hemos podido hacer ante esta situación; algunos de ellos pueden ser.

  • Ha disminuido la contaminación y podemos respirar un aire más puro, oír los pájaros cantar y disfrutar del cielo con claridad.
  • Hemos percibido el apoyo social, la solidaridad de la gente haciendo mascarillas, saliendo a aplaudir a los/as profesionales sanitarios, respetando las normas para no contagiar a los demás, ofertando plataformas gratuitas online para llevar a cabo actividades (manualidades para los/as niños/as, visitar museos virtualmente, libros y películas gratuitas, entrenamientos deportivos…), entre otros.
  • Hemos pasado más tiempo con nuestros seres queridos, ya sea estando en casa, disfrutando más tiempo de nuestra pareja, hijos/as, padre, madre y/o amigos/as. También hemos compartido más tiempo presencialmente o por las redes sociales y/o videollamadas, ya que le hemos dedicado tiempo a estar en contacto con las personas que queremos, al no poder hacerlo cara a cara. Para algunas personas esto puede haber sido un aprendizaje en cuanto a lo importantes que son estas personas en nuestras vidas.
  • Hemos tenido más tiempo para descansar, para relajarnos, ya que al trabajar menos o no tener esa actividad social, el tiempo que hemos pasado en casa lo hemos podido aprovechar para disminuir el ritmo frenético que muchos/as llevamos en nuestro día a día. Quizá esto no ayude a analizar si debemos frenar un poco el ritmo.
  • Hemos podido aprovechar el tiempo para hacer actividades que teníamos pendientes, por ejemplo arreglar algo en casa, leer más, hacer ejercicio, hacer cursos online, etc. Para muchos/as ha sido una oportunidad para poder disfrutar de actividades que, por la falta de tiempo, dejaban de lado o no se disfrutaban. Cuidar de nosotros puede que ser una rutina que no debemos dejar para el último lugar como antes algunos hacíamos.
  • Hemos reflexionado sobre el estilo de vida que tenemos, el ritmo que llevamos, lo que estamos haciendo y lo que nos gustaría hacer. Ha sido una oportunidad para saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir, poder proyectar a futuro y tomar nuevas decisiones si así lo hemos sentido.

            Estas son algunas de las cosas positivas que podemos sacar el confinamiento, de este tiempo que hemos pasado en casa por fuerza mayor; sin embargo, al ser una tema personal, cada uno/a puede sacar sus propias conclusiones, ya que no para todos/as es lo mismo.

            Posibles secuelas

            Somos conscientes que el confinamiento forzado durante estos casi dos meses, ha generado malestar. Hemos pasado por muchos estados emocionales diferentes, desde la incertidumbre y la confusión hasta la ira o la ansiedad. Es por ello que todo esto puede traer consigo diferentes secuelas, en función de cada persona y de su situación vital.

  • Ansiedad al volver a la nueva normalidad. Hemos vivido una situación de miedo, sabemos que el COVID-19 no ha desaparecido y debemos seguir con las medidas de seguridad recomendadas. Esto significa generar nuevas rutinas (llevar guantes, mascarillas, distancia, lavarse a menudo, etc.) y, por tanto, no bajar la guardia. Esto puede generar ansiedad, ante el miedo al contagio, sobre todo en aquellas personas vulnerables; es posible percibir desconfianza, miedo, inseguridad; e incluso podemos desarrollar un trastorno obsesivo-compulsivo, hipocondría o, incluso, un trastorno de estrés postraumático.
  • Preocupaciones económicas y laborales. Debido a esta situación, la economía mundial se ha visto afectada y, por tanto, la economía personal; esto genera preocupación e incertidumbre de qué pasará a nivel económico y laboral, de no saber si llegaremos a final de mes, de tener que pedir ayudas al estado o a familiares.
  • Estrés por la convivencia. Pasar las 24h con las mismas personas bajo el mismo techo, tener hijos/as a cargo, teletrabajar, cuidar de personas mayores y/o dependientes, etc. es una fuente de estrés que se puede haber visto agravada ante esta situación. Además, también influirá el tipo de relación que se tenga, por ejemplo parejas que estaban al borde de la separación, casos de malos tratos… Tras el confinamiento,  puede que esta carga de malestar o estrés acumulado no desaparezcan del todo aunque la situación cambie. En ocasiones necesitamos ayuda para poder volver a nuestro estado de ánimo anterior porque, aunque la situación haya cambiado, nosotros/as seguimos con los mismos síntomas.
  • Problemas del estado de ánimo. El hecho de haber cambiado nuestra rutina drásticamente, de quedarnos en casa, tener aislamiento social, preocupaciones económicas, posibles dificultades en la convivencia, entre otros, puede generar problemas como depresión, apatía, bajo estado de ánimo, irritabilidad…que pueden agravarse más allá del confinamiento.
  • Duelos con alto riesgo de complicaciones. Las circunstancias de esta enfermedad han hecho que muchas personas no puedan despedirse ni ver a sus familiares o personas allegadas que han fallecido por el COVID-19. No se han llevado a cabo los rituales habituales, hay personas que han fallecido solas; todo ello hace que la adaptación emocional que se produce habitualmente, no pueda darse de manera adaptativa, por tanto se puede alargar el proceso de duelo requiriendo, en algunos casos, ayuda terapéutica.
  • También puede darse el “síndrome de la cabaña” que hace referencia al temor y la ansiedad por volver a salir, pudiendo generar rechazo social y/o depresión, miedo al contagio, entre otros problemas psicológicos, como anteriormente hemos comentado, debido al tiempo que hemos pasado encerrados/as en casa, con todas las limitaciones y restricciones que hemos sufrido.

            Estas son algunas de las posibles secuelas que pueden darse tras el confinamiento, incluso durante la vuelta a la nueva normalidad, hasta que ésta se vea restablecida como la conocíamos antes, posiblemente hasta que haya una vacuna. Sin embargo, pueden darse otras consecuencias negativas, ya que cada persona experimenta el malestar de manera diferente.

            Si experimentas malestar tras el confinamiento, si tienes algunos de los síntomas que hemos descrito anteriormente o sientes que tienes dificultades para volver a la nueva normalidad, y crees que podría serte de ayuda asesoramiento o terapia psicológica, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.