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Es una de las frases más repetidas por los pacientes en consulta: “siempre me fijo en las personas equivocadas”. Tras varias relaciones frustradas, la pregunta surge inevitable: ¿por qué tropiezo una y otra vez con la misma piedra?
¿Alguna vez te has sorprendido pensando “esto ya lo he vivido” al iniciar una relación? A este fenómeno se le conoce como dating déjà vu.
¿Qué es el dating déjà vu?
Es la sensación de que, aunque la persona sea distinta, la relación sigue un guion muy parecido. Al principio todo parece prometedor, pero pronto emergen las mismas dificultades: aparecen dinámicas familiares como distancia, críticas, dependencia o falta de compromiso, y la relación termina con la misma frustración de siempre.
El dating déjà vu suele aparecer por varios motivos:
- Filtros internos: elegimos con base en creencias disfuncionales, como “si me esfuerzo, me querrán” o “el amor duele”.
- Lo familiar atrae: buscamos inconscientemente lo que conocemos, aunque nos haga daño.
- Círculo de refuerzo: cada relación fallida reafirma esas creencias, como “solo me tocan parejas así”, manteniendo el patrón.
A menudo creemos que “fallamos” porque nos enamoramos de la persona equivocada o no escuchamos las señales. Pero no es eso: el verdadero problema es que no tenemos una estructura interna clara desde la cual elegir. Confundimos conexión con compatibilidad, intensidad con amor o dolor con importancia. Sin una base sólida de autoestima, límites y conciencia emocional, es fácil dejarse llevar por dinámicas que luego resultan dañinas.

Los “fantasmas de la relación”
El psicólogo Jeffrey Bernstein llama así a las huellas emocionales que arrastramos de experiencias pasadas: relaciones previas, dinámicas familiares, rupturas dolorosas o mensajes transmitidos en la infancia. Estos “fantasmas” se activan en nuevas relaciones y pueden hacer que repitamos los mismos patrones una y otra vez.
Por ejemplo, si creciste con la idea de que “para que me quieran tengo que esforzarme mucho”, es posible que elijas parejas donde constantemente tengas que demostrar tu valor. O si viviste abandono, quizá toleres actitudes dañinas con tal de que no te dejen.
Nuestros patrones amorosos o “patrones de relación disfuncionales” son guiones inconscientes que repetimos sin darnos cuenta. Por ejemplo: sentir que nuestra misión es “arreglar” al otro.
Nuestro cerebro tiende a buscar lo familiar, incluso si lo familiar duele. Las creencias disfuncionales actúan como filtros: nos atraen ciertos rasgos y pasamos por alto señales de alerta. Así, reforzamos la misma dinámica una y otra vez.
Bernstein identifica tres factores que mantienen este círculo:
- Falsa esperanza: pensar que “esta vez será diferente”.
- Refuerzo emocional: confundir la montaña rusa de emociones intensas con amor verdadero.
- Miedo al cambio: “más vale malo conocido que bueno por conocer.”
Estos patrones, aunque dolorosos, replican dinámicas aprendidas en la infancia o en relaciones tempranas. Por eso, a veces confundimos lo conocido con lo seguro.
Cuando los traumas se buscan entre sí
Personas que han vivido infancias complejas o traumas emocionales tienden a vincularse con parejas que han tenido experiencias similares. Lo que nos resulta conocido puede parecernos seguro, aunque no lo sea. Si alguien creció en un hogar con abandono, críticas o falta de afecto, puede sentirse atraído por parejas que repiten esas dinámicas, porque “suena a hogar”, aunque sea dañino.
Inconscientemente, buscamos en la pareja la oportunidad de reparar lo que no pudimos resolver en la infancia. Dos personas con heridas parecidas pueden reconocerse mutuamente en el dolor y generar una conexión intensa al inicio. Pero si esas heridas no están trabajadas, en lugar de sanarse, se activan y retroalimentan, generando relaciones inestables, con mucha carga emocional.
El primer paso: tomar conciencia
Romper con estos patrones es posible. La clave está en identificarlos y trabajar sobre las creencias que los sostienen. Esto implica:
- Reconocer qué tipo de patrón predomina en mis elecciones.
- Observar qué emociones y pensamientos se repiten en mis relaciones.
- Explorar el origen de esas creencias (por ejemplo, dinámicas familiares).
- Aprender a establecer límites y valorar relaciones basadas en respeto mutuo.
Desde la terapia cognitivo-conductual, este proceso se acompaña con estrategias para reprogramar las creencias disfuncionales y fortalecer la autoestima, que actúa como brújula hacia elecciones más sanas.
Puedes romper el patrón y encontrar una pareja diferente con quien tener una relación más sana.
Júlia Tarancón Estades
Psicóloga General Sanitaria
Colegiada B-03232


