“Mujeres con pene, hombres con vagina… la TRANSEXUALIDAD”

Todo el mundo le conoce como Fran, pero ella se siente Claudia. Al nacer le pusieron de nombre Rosa, pero él prefiere ser llamado Pedro. Lo que experimentan estas personas no es fruto de una confusión ni tiene nada que ver con la perversión. Son personas transexuales y lo que sienten nace de lo más profundo de su ser, es su identidad.

Hablar de transexualidad es hablar de una realidad que nos rodea. No es algo que suceda en las películas o que no nos quede cerca. Hablar de transexualidad es dar visibilidad a muchas personas que deben enfrentarse a un gran dilema:

“¿Qué pesa más, lo que se supone que soy o lo que yo me siento?”

En las distintas culturas y desde siempre han existido personas que experimentan una incongruencia entre el sexo con el que nacen y el sexo al que sienten pertenecer pero el concepto de transexualidad y la palabra transexual no empezaron a usarse hasta la década de los 40 para referirse a ellas. Son mujeres “atrapadas” en cuerpos de hombres y hombres que se sienten también “atrapados” en cuerpos de mujeres, circunstancia que genera, en muchas ocasiones, insatisfacción y rechazo a los caracteres sexuales propios, deseando cambiar los mismos. Son personas que buscan y necesitan ser aceptadas social y legalmente con su sexo sentido, por lo que, en ocasiones, buscan adaptar su cuerpo, aspecto, nombre, etc. al sexo al que se sienten pertenecer, pudiendo eso incluir el tratamiento hormonal y la reasignación quirúrgica.

Es un fenómeno que tiene que ver con la identidad sexual. Partimos de la diferenciación en dos sexos: hombre y mujer. La identidad sexual es el sexo del cual cada persona se siente (mujer, hombre, ambos, ninguno, etc.). Cuando el sexo que me asignan al nacer (en base a mis genitales) coincide con el que yo me identifico, nos encontramos ante una persona Cisexual. Por el contrario, si el sexo asignado y el sentido no coinciden, es cuando hablamos de Transexualidad. Y, para las personas, lo relevante es lo que sienten y tratarán que el mundo les vea así y no a la inversa.

El sexo al que la persona se siente pertenecer es la egosexuación, que no tiene nada que ver con la voluntad del sujeto, sino que parece depender de la hormonación durante el embarazo de un núcleo cerebral, en función de la cual se define la identidad sexual de la persona. Dicha egosexuación casi siempre coincide con el resto de niveles de sexuación del individuo pero, en algunas ocasiones, puede no hacerlo, dando ello lugar a esta realidad tan compleja que es la transexualidad, de la que el sujeto no podrá escapar, al igual que tampoco los cisexuales (o no-transexuales) no pueden hacerlo. Por tanto, el principal responsable de la identidad sexual es el cerebro y no los genitales, los genes o los cromosomas.

Esto podría explicar por qué estos casos empiezan a manifestarse desde edades tempranas, ya en la primera infancia. Comenzamos a ser conscientes de nuestra identidad sexual alrededor de los dos años, mostrando los niños y niñas transexuales su disconformidad con el sexo asignado. Uno de los problemas principales para comprender a las personas transexuales es que nada más nacer se “adivina” nuestra identidad sexual en base a los genitales: vulva = niña, pene = niño. Pero no siempre se cumple esta regla rígida.

Es cierto que el término “trans” sirve para englobar distintas expresiones de diversidad sexual que no coinciden con las normas que dictan lo que es un hombre o una mujer, la masculinidad y la feminidad. La realidad de estas personas es mucho más amplia de lo que muestran los pocos casos que llegan al gran público a través de los medios de comunicación. Esto puede dar lugar a creencias que no concuerdan con la realidad porque se basan en una concepción de la sexualidad binaria (hombre-mujer) y se reduce el ser hombre o mujer a los genitales. Pero, para entender a las personas trans, la realidad es que hombre es aquel que así lo siente, con independencia de sus genitales, y lo mismo sucede con las mujeres.

Para explicar la realidad de muchas personas el sistema sexual binario (vagina-pene; hombre-mujer; cisexual-transexual; homo-hetero) es un tanto reduccionista porque no refleja todas las posibilidades que ofrece la sexualidad. Concretamente, en cuanto a la identidad sexual, podríamos decir que la diversidad es la norma. Identificarse como hombre o mujer no son las únicas opciones, existen más formas de sentir la propia identidad, ya que hay personas que no se posicionan en ninguna de estas categorías. Por ejemplo, las personas bigénero se sienten hombres y mujeres al mismo tiempo; los agénero no se identifican ni como hombres ni como mujeres; los géneros fluidos se sienten de uno u otro sexo por temporadas; etc. Toda esta diversidad existe pero aún está poco visibilizada porque, en un sistema que lleva mucho tiempo rigiéndose por lo binario, toda esta diversidad implica reestructurar todo lo que se conoce hasta ahora.

Volviendo al tema de la transexualidad, una de las creencias más asumida es que la totalidad de las personas transexuales se someten a tratamientos médicos, sobre todo quirúrgicos, para realizar la transición al sexo con el que se identifican. Pero esto no tiene por qué ser necesariamente así. Cada vez son más las personas transexuales que deciden no pasar por quirófano para cambiar el aspecto de sus genitales porque no lo sienten necesario, bien sea porque ello comporta sacrificar gran parte de su sensibilidad, comprometiendo el disfrute y el placer, o bien por otras razones.

Es decir, no todas las personas transexuales sienten rechazo o desagrado hacia su cuerpo, habiéndolos que no necesitan un cambio físico total y optan únicamente por la hormonación y/o cambio de vestuario para ser más fácilmente identificados con su sexo sentido. De hecho, la ley de Modificación Registral de Nombre y Sexo emitida en Marzo de 2007 regula la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas y permite que las personas transexuales puedan cambiar su sexo legal sin necesidad de pasar por el quirófano.

Aun así, los requisitos establecidos para este fin siguen siendo controvertidos ya que patologizan la realidad que viven estas personas. Para poder optar al cambio de sexo legal, las personas transexuales deben estar diagnosticadas de disforia de género y haber recibido tratamiento hormonal durante al menos dos años, a fin de que sus características físicas se correspondan, estereotípicamente hablando, con las del sexo reclamado.

La disforia de género es el término diagnóstico utilizado para hacer referencia a la insatisfacción que genera la incongruencia que una persona percibe entre su propia identidad de género y el sexo asignado al nacer, con el que no se identifica. Las personas que la experimentan pueden tener la percepción de su propio cuerpo como extraño, como que no les pertenece, lo cual produce insatisfacción, en distintos grados. Pero disforia no es sinónimo de transexualidad ya que no todas las personas transexuales experimentan dicha insatisfacción o malestar producto de la construcción cultural del género y los roles de género. Es decir, la disforia de género a lo que hace referencia es al desajuste emocional que sufre la persona a consecuencia de la difícil integración en la sociedad.

Pero, poco a poco, se van haciendo avances de cara a la despatologización de la transexualidad. A partir del 2022, la transexualidad dejará de ser considerada un trastorno mental. Según la nueva actualización de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) publicada por la OMS, la transexualidad dejará de formar parte del capítulo “trastornos de la personalidad y comportamiento”, incluyéndose en el epígrafe “condiciones relativas a la salud sexual” como “incongruencia de género”.

 

Por tanto, la transexualidad no es una opción ni una enfermedad que deba diagnosticarse ni tratarse. Este pensamiento lleva a la marginación legal y social de estas personas. La sociedad tiene el reto por delante de no dejarse llevar por los prejuicios, educar en la diversidad y ser más inclusiva para valorar a las personas por sí mismas, con independencia de su sexo.

 

 

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