CUANDO LOS NIÑOS TIENEN QUE DECIR ADIÓS: EL DUELO INFANTIL.

“Los que aprendieron a conocer la muerte en lugar de temerla y luchar contra ella, se convirtieron en nuestros maestros acerca de la vida” (Kübler-Ross, 1983).
¿QUÉ ES EL DUELO?

El duelo es un proceso sano de adaptación que experimentamos ante la pérdida de un ser querido. Sus características son las siguientes ...

  • No se resuelve de manera inmediata.
  • Implica movimiento, es decir, no es un proceso estático en el tiempo sino que varía constantemente.
  • Es una etapa normal por la que todo ser humano se ha visto alguna vez en la vida obligado a superar.
  • Es un proceso único, personal e íntimo.
  • Implica un trabajo personal para superarlo si no podremos caer en un duelo crónico/patológico lo que nos llevará a desarrollar emociones disfóricas y complicaciones en la conducta adaptativa.

¿Cuáles son las pautas a seguir para superar un duelo? Según William Worden son:

  • Aceptación del fallecimiento.

Asimilar su muerte como un proceso que forma parte de la vida, sea o no natural. Lo importante es que les quede claro cuál es el concepto de la muerte y por qué existe.

  • Experimentar y gestionar correctamente las emociones.

Debemos dejarles que se expresen como lo sienten. No harán ni dirán lo mismo que los adultos sino que serán curiosos y puede que en algunas situaciones ignoren lo ocurrido o que no sufran como esperábamos. Hay que dejar que las cosas fluyan, los niños tienen unos ritmos muy distintos a lo de los adultos.

  • Asimilar la ausencia del fallecido.

¿Por qué ya no está? Aquí debemos tener una conversación sincera y natural sobre lo que implica la muerte en la parte corpórea; una vez muertos, se apaga nuestro cuerpo.

  • Recolocar emocionalmente al fallecido para seguir adelante con las rutinas del día a día; porque nosotros seguimos viviendo.

Por ejemplo, buscando un lugar o un objeto que les pueda conectar con la persona fallecida por si en algún momento tuvieran la necesidad de hablarle o llevarle algún regalo (dibujitos).

 

 

DIFERENCIAS ENTRE DUELO ADULTO Y DUELO INFANTIL

LOS DERECHOS DEL NIÑO EN EL DUELO

Para comprender sus necesidades, antes, debemos conocer cuáles son sus derechos:

  1. Deja que sienta mis emociones y las exprese con naturalidad, sean cuales sean.
  2. Si necesito hablar, escúchame y si prefiero callar, acompáñame.
  3. Pese a la tristeza de la situación, necesito sentirme seguro/a.
  4. Aunque te duele, déjame contarte los recuerdos bonitos que tengo de esa persona.
  5. Tengo que seguir adelante, debo ser feliz, porque yo sigo vivo/a.

ALGUNAS RECOMENDACIONES

Hoy en día, tenemos miles y miles de recursos que nos ayudan a educar en las emociones a los más peques de la casa. Personalmente, los cuentos, nos parecen unas herramientas muy útiles. Aquí os dejamos algunas recomendaciones:

  • Iliana, la niña que escuchaba al viento (Antonio Rodenas y Carme Solé Vendrell).
  • La isla del abuelo (Benji Davies).
  • Para siempre (Camino García).
  • El árbol de los recuerdos (Britta Teckentrup).
  • No es fácil pequeña ardilla (Elisa Ramón Bofarull).

Y si queréis algo de material más dinámico aquí os dejamos un listado de películas:

  • El Rey León.

La muerte de Mufasa es un claro ejemplo de la huella que deja alguien en nosotros ya sea en forma de valores, de gestos, de forma de hablar, etc.

  • Buscando a Nemo.

Hay que perder el miedo porque este no nos deja vivir y por lo tanto, seguir adelante se hace difícil.

  • Big Hero 6.

Nos puede ayudar a enseñarles a gestionar su rabia y reconducirla hacia algo productivo.

  • Hermano Oso.

Con este argumento podremos trabajar el sentimiento de culpa.

A TENER EN CUENTA

El duelo no implica solo la muerte. El simple hecho de cambiar de casa o de colegio, el que los padres se separen, el que pasen de Primaria a Secundaria… Implican situaciones de pérdida que alteran las emociones de los niños por lo que es vital actuar para impedir el posible daño psicológico que puede generar un duelo patológico. Los niños son más flexibles a los cambios y se adaptan mejor a estos que los adultos pero ello no implica que no sufran o que no quieran asimilar ese cambio. Debemos tener en cuenta sus necesidades y sus deseos ya que sus ritmos son muy distintos a los nuestros y una necesidad imperiosa para nosotros

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