FOBIAS: CUANDO EL MIEDO PARECE QUE PUEDE CONTIGO

Todas las personas en algún momento de nuestra vida podemos experimentar miedos a determinadas situaciones, personas, objetos, etc.

El miedo es una emoción básica que todo ser humano puede experimentar. Sin embargo, cuando este miedo es muy frecuente y muy intenso, se alarga en el tiempo y provoca interferencias, es decir, nos dificulta el funcionamiento en el día a día, puede considerarse un problema.

 

¿Es lo mismo miedo que fobia?

 

La fobia es un miedo o ansiedad intensa ante un objeto o situación concreta, por ejemplo, volar, algún animal, alturas, inyecciones, etc. Por tanto, es algo más intenso que un simple miedo. Digamos, por ejemplo, que si alguien tiene fobia a los perros, además de tenerles miedo llevará a cabo conductas de evitación, intentando activamente no estar en contacto con un perro, y sintiendo ansiedad de forma inmediata e intensa.

 

 

El miedo que tiene una persona con fobia es muy alto y desproporcionado al peligro real que representa. Por ejemplo, es cierto que una rata puede morder, sin embargo las probabilidades de que lo haga son bajas; pero una persona con fobia a las ratas interpretará que las posibilidades son altas y que las consecuencias de esa mordida realmente serán catastróficas, aunque en realidad tampoco es probable que así sea.

Otra diferencia en cuanto a miedo y fobia, es que la persona con fobia evita el objeto o la situación fóbica durante un tiempo mínimo de seis meses. Es decir, si tengo miedo a algo y lo he evitado solo una vez o varias veces pero durante menos de seis meses, no se consideraría una fobia. Lo que sí es cierto es que, si empezamos a evitar algo, la tendencia será seguir evitándolo, por lo que finalmente se puede convertir en una fobia.

Una característica fundamental de la fobia es que ésta tiene que causar mucho malestar e incluso deteriorar alguna de nuestras áreas vitales, por ejemplo el trabajo, la familia, los amigos, entre otras. Además, debemos tener en cuenta que para considerarse una fobia no debe asociarse a ninguna otra patología, como por ejemplo un delirio o un Trastorno Obsesivo Compulsivo.

 

claustrofobia

 

¿Qué tipos de fobias existen?

 

Al hacer esta diferencia nos referimos a fobias simples y fobias complejas. Las fobias simples implican un miedo desproporcionado a cosas concretas, a situaciones específicas, a lugares, a actividades, etc. Por ejemplo, tener fobia a ir al dentista o a los perros. Mientras que las fobias complejas están asociadas a un miedo profundamente arraigado ante ciertas situaciones, incidentes o circunstancias. Son más complejas y por eso incapacitan más a la persona que una fobia simple. Un ejemplo sería la claustrofobia o el miedo a estar en espacios cerrados, como un ascensor o el metro.

Además, las fobias simples aparecen en una edad más temprana, incluso algunas suelen desaparecer con el tiempo y no suelen seguir causando dificultades. Sin embargo, las fobias complejas normalmente aparecen en la adolescencia o la edad adulta y pueden durar mucho tiempo si no se tratan. Aunque cabe tener en cuenta que no siempre es así, ya que hay fobias simples que pueden seguir avanzando o aparecer en la edad adulta, y fobias complejas que pueden aparecer en edades más tempranas.

A parte de estos tipos de fobias, conocemos muchos nombres diferentes y fobias a cosas que nos pueden resultar muy extrañas (temor a vomitar, temor a dormir, temor a orinar, temor al número 13, etc). Puede haber tantas fobias como cosas hay en el mundo.

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¿Por qué ocurren las fobias?

 

Pueden ser varias las causas por las cuales una persona desarrolla una fobia. En muchas ocasiones las aprendemos por observación de personas cercanas a nosotros. Por ejemplo, si nuestra madre tiene fobia a los pájaros, probablemente llevará a cabo conductas de evitación y, sin desearlo, nos transmitirá que ese es un animal peligroso que nosotros también debemos evitar. De este modo, puede empezar a instaurarse en nosotros ese miedo que finalmente puede acabar convirtiéndose en una fobia.

Por otro lado, hay varios estudios que dicen que algunas fobias tienen un origen genético y que pueden compartir muchas personas, independientemente de la cultura que les rodee. Creen que esto puede ser debido a una herencia de un comportamiento instintivo, temiendo a ciertos animales peligrosos como arañas o serpientes, o a fenómenos climáticos como tormentas.

Y finalmente, otra de las causas por las cuales una persona puede desarrollar una fobia es haber vivido o haber observado a alguien viviendo una experiencia traumática a la que asociamos un objeto o situación. Por ejemplo, si un día me atacó un gato furioso, puedo desarrollar fobia a los gatos, o si tuve una mala experiencia viajando en avión con turbulencias, puedo desarrollar fobia a volar.

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¿Se pueden eliminar las fobias?

 

Cualquier persona puede enfrentarse a sus miedos e intentar eliminar una fobia. Debemos tener en cuenta que, habitualmente, lo que solemos hacer es llevar a cabo conductas de evitación hacia eso que nos da miedo o nos genera ansiedad. Es lógico: si algo me da miedo, lo evito porque enfrentarme a ello me genera aún más miedo y malestar. Sin embargo, para superar la fobia lo que debemos hacer es exponernos a aquello que nos da miedo. No obstante, no sirve exponerse de cualquier manera y de forma repentina; así quizá solo agravemos aún más el problema. Por eso, es importante realizar una terapia con un/a profesional de la Psicología, que antes de planificar la exposición a lo temido con nosotros/as, también nos dará técnicas para poder enfrentarnos de la forma más adecuada y con mayor seguridad. Además, el/la profesional se asegurará de hacer una evaluación adecuada y diagnosticar si lo que tenemos es una fobia o algo diferente, y se asegurará de ofrecer el mejor tratamiento para nuestro caso.

Si crees que tienes una fobia, si algo te da mucho miedo y te genera malestar o si no sabes cómo enfrentarte a situaciones que te provocan ansiedad, puedes ponerte en  contacto con nosotras.

 

 

 

 

 

 

 

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